martes, 23 de abril de 2013

Una nueva hegemonía








"El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania" Gary Lineker.




Los reinados no terminan así como así. El rey siempre delega en otra figura la potestad y el privilegio de gobernar. Eso hemos podido presenciar hoy en el Allianz Arena. El F.C. Barcelona, dominador absoluto del panorama europeo gran parte de la última década, hincó la rodilla ante un equipo que supo minimizar sus opciones y explotar sus debilidades.

Podría decirse que es el resurgir del denominado fútbol total en el siglo XXI. El estilo de juego comenzado por la Holanda de Cruyff ha bañado las bases del actual proyecto de Jupp Heynckes, genio y maestro que será relegado de su puesto al final de temporada por Pep Guardiola. Al igual que en su etapa en el Real Madrid, puede ser despedido tras ganar la competición más prestigiosa de Europa. Y encima habiendo eliminado y retratado al equipo de su sucesor en el banquillo del Allianz. Cosas de la vida.

Una presión intensa con una línea adelantada, obligando al Barça a replegar la propia, asfixiaba la salida de balón del conjunto blaugrana. Un Messi "supuestamente" recuperado se veía obligado a bajar a recibir al centro del campo, donde el incansable trabajo de la dupla Javi Martínez-Schweinsteiger secaba cada intento del astro argentino por desatascar el encuentro, del que Xavi e Iniesta solo tuvieron dominio cuando el Bayern bajó una marcha tras el 2-0, pero siempre obligando al Barça a penetrar por banda y buscar centros al área donde la falta de un nueve puro se echa cada día más en falta.

En este contexto tuvo el Bayern todavía tiempo de anotar dos goles más con sendas acciones por banda, con un juego rápido y preciso, sin adornos. Un equipo acostumbrado a tener la pelota se la entregó al Barcelona, sabedor que la perdería de forma natural. Un equipo que adaptó perfectamente a otro estilo y salió vencedor. Un ejemplo de selección natural en el fútbol, adaptarse o morir. No es el fin de ciclo del Barcelona. Es el comienzo de la hegemonía teutona.

El panzer muniqués

Sammer, actual director deportivo del Bayern.
"Caemos mal porque otros quieren ser simpáticos, nosotros simplemente ganar". Con esta frase resume toda una institución del fútbol alemán como es Matthias Sammer la filosofía del Bayern de Múnich, la apisonadora alemana disfrazada de equipo que es el club de Baviera. Y no solo arrasa con todo lo que se pone en su camino en el campo, sino que también lo hace en los despachos.


Tras una semana movidita en las oficinas del Allianz Arena por el escándalo financiero que salpica a Uli Hoeness, presidente del club, el diario Bild (de información tan creíble como afín al Bayern) publicaba el bombazo de la Bundesliga: la entidad tetracampeona de Europa había pagado la cláusula de Mario Götze, jugador del Borussia Dortmund y que permanecerá en tal entidad hasta el 1 de julio de este año, momento en el que pasará a formar parte de la disciplina del equipo de Pep Guardiola. 37 millones de euros para ver a una de las perlas del fútbol alemán enfundarse la camiseta roja y para dar un golpe encima de la mesa en una semana crucial por la Champions League. Como un gallo sacando pecho en su corral.



Siguiendo los pasos de Sammer.

Quedará por ver el apoyo de la grada a Götze en este tramo final de la temporada, pero ya es retratado como traidor por ciertos sectores de la hinchada del BvB. Mismo odio que profesan al autor de la frase con la que abría esta reflexión: Matthias Sammer. Emblema del Borussia campeón de Europa en 1997, arrebató el año anterior el Balón de Oro a una estrella emergente como era Ronaldo Nazario, todavía en el PSV. Retirado de los terrenos de juego en 1998, dirigió desde el banquillo cuatro años (2000-2004) al club de Dortmund. Pese a todo esto, parece ser que a Sammer se le olvidó su pasado y  tomó rumbo hacia la entidad de Baviera, tentado por su organización y capacidad financiera.

No es la primera vez.

Esta estrategia del Bayern de contratar a un emblema del campeonato local ya ha vivido capítulos con anterioridad: cuando la amenaza era el Werder Bremen, se desembolsó el capital muniqués por dos de sus pilares como eran Miroslav Klose y Tim Borowski. Más reciente fue el fichaje del portero Manuel Neuer cuando el Schalke 04 de Raúl acechaba el dominio del fútbol alemán. 

El imperialismo económico de Múnich en Alemania y en el fútbol europeo (hágase referencia a casos como los de Luca Toni, Ribéry, Robben o Javi Martínez) no conoce fronteras.

La decimotercera sinfonía de Ferguson

La consecución anoche del vigésimo título liguero del Manchester United (7 First Division y 13 Premier League, todas bajo la batuta de Sir Alex Ferguson) vino precedida de una demostración de buen fútbol, con un juego directo buscando cerrar pronto el partido y dar carpetazo a la liga. Su última víctima fue un Aston Villa muy permisivo atrás, al que Van Persie difuminó en el Teatro de los Sueños en la primera mitad con un soberbio hat-trick.


Y es que gran parte del éxito de esta Premier League recae sobre la figura del holandés. Sin menospreciar a un enorme De Gea, una defensa que ha rendido a altísimo nivel o al doble pivote Carrick-Cleverley que, con la ayuda del incombustible Ryan Giggs, tantos partidos ha dominado, la llegada del holandés a Old Trafford ha repercutido en el éxito de los pupilos de Fergie. Y no solo a nivel de cifras goleadoras, su importancia va mucho más allá de eso.

En primer lugar, y puede que más aparentemente en la sombra, la decisión del holandés hizo mella en el otro equipo de la ciudad y campeón la temporada pasada: el Manchester City. Bien es sabido que los citiziens tenían al holandés como petición prioritaria de Roberto Mancini, pero Robin no se dejó engatusar por los "petrodólares" y acabó siendo un red devil.

El otro punto a destacar es una variante táctica muy interesante que afecta a otro de los puntales de este equipo: Wayne Rooney. Con Van Persie en la plantilla, se liberaba a jugadores con mucha movilidad como Rooney o Welbeck, pasando de  la punta de ataque a jugar detrás del delantero o cayendo a banda izquierda, respectivamente. 

Y es que en el último partido disputado frente al Aston Villa, Ferguson nos deleitó con la enésima capacidad de Wayne Rooney: ocupó el centro del campo junto a Carrick, llevando la manija del partido. Si bien con la selección inglesa se intuía la capacidad de Rooney de bajar al centro del campo a recibir e hilvanar la jugada con el hombre más adelantado, ayer pudimos presenciar esto mismo llevado a su máxima expresión.

Rooney enviando la pelota a Valencia en el 1-0.

Con la movilidad ofrecida por otro de los grandes fichajes de este curso como es el del japonés Shinji Kagawa, Rooney puede dedicarse a distribuir balones en el medio, ya sea en corto o buscando al compañero en largo, avalado por su extraordinaria visión y preciso golpeo del balón. Fruto de estos envíos en largo nacieron los dos primeros goles del United, pases precisos y medidos de un jugador que, liberado de tener que ser el referente ofensivo del equipo, nos descubre que su abanico de posibilidades puede ampliarse todavía hasta límites insospechados.

Rooney asiste a Van Persie en el 2-0.
Tal vez sin ser el equipo más fuerte (los refuerzos del Chelsea y la nómina de figuras del City podían hacer dudar del United), Ferguson ha conseguido alzarse con otro éxito que sumar a su palmarés. Con una apuesta por el juego directo, demostrada a lo largo de toda la temporada, el fútbol inglés vuelve a postrarse ante el equipo de Sir Alex, que nos ha premiado con un año más de sus sorprendentes y discutidas variaciones tácticas. Y es que al final, de una manera u otra, siempre funcionan.

lunes, 22 de abril de 2013

La brújula de la Casa Blanca


"Barco busca capitán". En esa frase podríamos resumir la comidilla de la prensa española esta última semana, la cual plasmaba tanto en papel como en versión digital sus diferentes apuestas sobre el sustituto de Xabi Alonso en el Real Madrid, el cual acaba contrato en 2014 y parece ser que no se contempla la idea de renovación por parte del cerebro vasco.



Ante esta situación, el baile de nombres y personalidades a sustituirle ha colmado las portadas de la prensa estos días. Una extensa lista de candidatos a ocupar el año que viene la parcela del medio del campo del Santiago Bernabéu junto a Alonso o en su lugar para darle descanso. La única opción que no se contempla es la venta del ex-jugador del Liverpool. Pero de estos candidatos, ¿son todas las opciones iguales?¿Realmente serían un fiel reflejo del tolosarra?.

Los nombres que han sonado con más fuerza son los de los franceses Kondogbia y Pogba. Y es algo que me sorprende, ya que a mi parecer, ninguno es de las características de Alonso, más bien son de perfil Khedira o del joven Casemiro (brillante partido del ex de Sao Paulo el pasado sábado frente al Betis).

Kondogbia es un futbolista de derroche físico en el centro del campo,de  ida y vuelta constante y que se anima a pegarla desde lejos. Pogba viene a ser lo mismo, pero más completo: es capaz de organizar la jugada desde atrás, además de poseer una técnica más depurada. Si bien ambos podrían sacar la pelota jugada desde atrás les falta la característica que mejor define al actual centrocampista blanco: el envío del balón en largo.



Otro nombre que figuraba en las quinielas era el de Gündoğan, jugador turco-alemán del Borrussia de Dortmund. Menos físico que los anteriores, me parece un jugador de corte similar a dos de los "fiascos" del Real Madrid en la búsqueda de esa pieza de rotación en el medio: Sahin y Modric. Y digo fiascos porque las lesiones que lastraron al primero en su etapa blanca y la diferencia de nivel del actual Modric (también es cierto que su rol es distinto) con el que pudimos disfrutar en el Tottenham los relega a una aportación por debajo de las expectativas.


En cuanto al producto nacional, sonó con insistencia hace unos meses dos figuras, clave en el juego de la actual Real Sociedad que a tantos enamora: Asier Illarramendi y Rubén Pardo. Ambos proceden de la misma escuela que Alonso, lo que les da cierto crédito en las oficinas del club blanco pese a su juventud y poca experiencia al máximo nivel.



Sea quien sea el elegido no será tarea fácil  hacer olvidar a uno de los pivotes más determinantes de la historia del fútbol español, la manija que mueve con absoluta precisión a uno de los clubes más laureados del mundo. A veces el acierto consiste en arriesgar.


Y Saint-Etienne brilló de nuevo


Ayer el fútbol francés se volvió a teñir de verde. El AS Saint-Etienne se alzó con la Coupe de la Ligue tras derrotar al Rennes con un solitario gol de Brandao. El recuerdo de las pasadas glorias cosechadas por Les Verts volvió a embriagar las calles de Saint-Etienne. No en vano, esta ciudad de la región Ródano-Alpes puede presumir de albergar al club más laureado de la historia del fútbol galo.

A pesar de su glorioso palmarés, ayer se puso fin a una sequía de 31 años sin títulos, desde que el ASSE levantase su último entorchado de liga allá por 1981 bajo la dirección de Michael Platini. Gran dominador del fútbol en Francia desde los años 60 hasta 1981 (consiguió sus diez títulos ligueros en ese periodo), su posterior ostracismo se vio contrastado con el reciente auge de su eterno rival: el Olympique Lyonnais, que consiguió sus siete ligas de manera consecutiva (2002-2008), amenazando su hegemonía histórica.

La clave del éxito de aquel equipo dominador recaló en la figura de Robert Herbin, que dirigió al club desde 1972 hasta 1983, llegando al banquillo con tan solo 33 años y consiguiendo alzarse campeón liguero tres veces consecutivas en los cuatro años posteriores. Con importantes figuras del fútbol francés como Rochetau o Bathenay, sería el modelo  que relanzaría al fútbol galo en el panorama internacional. Pero entre tanto éxito también hubo lugar para sombras. En 1976, el ASSE se media en Hampden Park al Bayern de Münich de Sepp Maier, Beckenbauer, Rummenigge, Müller y Uli Hoeness que venía de alzarse campeón de Europa durante dos años consecutivos y buscaba ampliar su racha. La que será recordada como "La final de los postes" depararía un duro golpe al Saint-Etienne, que dominó prácticamente todo el encuentro, pero acabó sucumbiendo ante el conjunto teutón.
ASSE que disputó la final de la Copa de Europa.

Pero ahora la esperanza vuelve a iluminar a la escuadra del Geoffroy Guichard, buscando que la consecución de la Coupe de la Ligue pudiese ser el pistoletazo de salida para un nuevo dominio de Les Verts en el fútbol francés, algo improbable con la adinerada sombra del PSG al acecho. Pero soñar es gratis. Y por qué no soñar de verde.

lunes, 15 de abril de 2013

De Hillsborough al cielo


Hoy, 15 de abril de 2013, es un día triste para el fútbol británico. Se cumple el 24º aniversario de la tragedia de Hillsborough. No quiero que esto quede una simple entrada, quiero que esto sea un homenaje a sus víctimas, a esos 96 supporters que perdieron la vida en Sheffield en un partido de semifinales de la FA Cup entre Liverpool y el Nottingham Forest. Estas líneas van por ellos.

En primer lugar, debemos situarnos en el marco social de la Inglaterra de los años 80. El fútbol, convertido en deporte de masas, vivía el auge del hooliganismo: incidentes antes, durante y después de los partidos entre los aficionados  más radicales de los clubes británicos.

El primer azote a las islas llegó en 1985: en la final de la Copa de Europa disputada entre Liverpool y Juventus en Heysel, Bélgica, el derribo de una grada provocó la muerte a 39 aficionados, de ellos 32 eran bianconeri. La UEFA sancionó a los equipos ingleses con su exclusión de las competiciones europeas durante una década. Una puñalada en el corazón de una sociedad que giraba en torno a la pelota.

Nos situamos ahora cuatro años más tarde. Y tenemos al mismo protagonista, el Liverpool. Semifinales de la FA Cup en campo neutral. Sin autopista directa de Liverpool a Sheffield, la llegada de los aficionados reds se demoró. Un fuerte cordón policial estaba encargado de registrar los vehículos en los que se desplazaban en busca de artículos que pudiesen indicar tendencia a la violencia. Cualquier persona que apoyase al Liverpool era sujeto de sospecha. A la entrada del estadio, los aficionados del Liverpool fueron amontonados en una grada vallada, con capacidad para solo 10.000 personas, menos de las desplazadas y  de las que tenían acceso al partido. Al poco de comenzar el mismo, se produjo una invasión de campo. La policía trató de retener a los aficionados en las gradas, pensando que se trataba de hooliganismo, pero en realidad la gente trataba de salvar su vida, estaban muriendo aplastados por el desborde de la capacidad en el sitio que les fue asignado. El desenlace fue trágico: 96 fallecidos, miles de familias destrozadas y un fútbol británico salpicado de nuevo por la sangre.


Desde entonces, en cada partido en Anfield, se pueden observar carteles que rezan "Justice for the 96". Justicia ante una trama desvelada veinte años después, en la que se descubrió que se habían omitido datos que inculparían a la policía y al entonces gobierno de la recién fallecida Margaret Thatcher. Pero creo que hay algo más importante que esa justicia: el recuerdo de 96 almas que murieron en el campo. 96 personas que cada 15 de abril serán recordadas y hacen del Liverpool un club más grande, si puede.


sábado, 13 de abril de 2013

El diablo rojo noruego.


Estamos acostumbrados a tildar de leyendas a jugadores que, durante su estancia en un club, rompen récords, lanzan al equipo a nivel de títulos o dan detalles de su calidad cada partido. Pero en realidad las verdaderas leyendas nacen y viven de mucho más que eso, y lo hacen de cosas más importantes. Viven del amor y la fidelidad a unos colores, de la entrega a una camiseta y de la comunión con la grada. Estas características son las que reunía nuestro protagonista de hoy, Ole Gunnar Solskjær.


Ole nació en Kristiansund, Noruega, el 26 de febrero de 1973. Desarrolló los primeros años de su carrera en dos clubes noruegos, antes de recalar en el todopoderoso Manchester United.

En las 11 temporadas (1996-2007) en las que Solskjær defendió el escudo del equipo de Old Trafford nunca se erigió como titular indiscutible, sino que alternaba titularidad con banquillo. Y en ese contexto, sentado en la banca esperando oportunidades, nació su leyenda: la leyenda del super-sub. Se decía que no había partido en el que, saliendo desde el banquillo, Ole Gunnar Solskjær no marcase. No era un jugador  técnico, pero sí reunía las condiciones idóneas para ser un killer: dominio de ambas piernas y de la cabeza. Pero su cualidades más importantes eran sin duda su inteligencia, actitud y concentración.
Como reconoció Sir Alex Ferguson "tiene mentalidad de entrenador. Durante los partidos analiza a los rivales, busca sus puntos débiles. Eso le da luego ventaja". El asesino con cara de niño, como le conocían, consiguió anotar 29 goles en los 150 partidos que partió como suplente. Para el recuerdo quedan los cuatro goles que le endosó al Nottingham Forest en tan solo 12 minutos.


Solskjær celebrando el gol de la victoria.
Pero el momento más memorable de su carrera llegó en la final de la Liga de Campeones de 1999, disputada en el Camp Nou, en la que el Manchester United se medía con el Bayern de Múnich. Los alemanes se adelantaron con un tempranero gol de Mario Basler y dominaron durante todo el encuentro, pero no consiguieron ampliar su ventaja. Un United inoperante en ataque, que casi no generó peligro a lo largo del encuentro, suscitó que Ferguson realizase dos cambios, claves a la postre: dio entrada a Teddy Sheringham (67') y Solskjær (81'). Ambos cambiarían el rumbo de la contienda, consiguiendo el primero el tanto del empate en el minuto 91 y asistiendo a nuestro protagonista en el 93' para que el United se erigiese como rey de Europa. La cara de incredulidad de los jugadores del Bayern lo resumía todo. Solskjær les había arrebatado en un instante lo que habían merecido con creces durante 90 minutos.





A partir de 2004 sus apariciones fueron mucho más escasas debido a una grave lesión de rodilla. Hasta su retirada en 2007 no llegó a superar la decena de partidos disputados. Pero para entonces ya no era un jugador más. Era leyenda e historia viva de Old Trafford. Otros jugadores se habrían marchado a otro club ante tan pocas oportunidades, él asumió su rol y dio siempre el máximo. El fútbol le recompensó con el recuerdo que se tendrá de él y de su gol en esa final de 1999.





Actualmente es el entrenador del Molde FK noruego, club desde el que dio el salto a la Premier League. Ferguson ha reiterado en varias ocasiones que él sería su sustituto en el banquillo del Teatro de los sueños. Quién sabe, tal vez su leyenda con el United no esté del todo escrita.








miércoles, 3 de abril de 2013

Volvió la Champions, volvió la magia.

Volvió la Champions League. La mayor competición continental retomó su frenética actividad e inigualable emoción con dos partidazos. Las noches de fútbol europeo volvieron a ser lo más comentado en el día de ayer. Y lo serán en el de hoy. Porque la Champions es única, distinta, especial, mágica. El fútbol adquiere otra dimensión cuando escuchamos su sinfonía. Es la competición reservada a los mejores, a los que buscan escribir su nombre en la historia, tocar el cielo consiguiendo 'La Orejona' que, un año más, espera al final del camino en el mítico Wembley. Comenzamos.

Una noche muy cara.
Ayer no era un día normal en la capital gala. Se notaba en el ambiente. Era noche grande. El relanzado proyecto del PSG, equipo joven donde los haya (solo 38 años de historia le avalan) buscaba medir su importante inversión qatarí con un reto. Grande, tal vez el mayor de todos: el FC Barcelona. Pudiendo contar con Ibrahimovic, al que la UEFA le libró del partido de sanción que le quedaba por su expulsión contra el Valencia, los parisinos llegaban crecidos, con confianza, pero sabiendo que a priori eran el equipo inferior.

Y la primera sorpresa la conocíamos alrededor de las 19.00: Beckham era titular en vez del jovencísimo Verrati. ¿Qué buscaba Ancelotti? ¿Entregaba el control del partido renunciando al toque? ¿Mayor experiencia en la medular? ¿Más oportunidades a balón parado?. La respuesta la pudimos contemplar en el campo durante todo el partido: un Becks que guardaba su posición y buscaba la pelota larga, los cambios de dirección y que no se prodigaba en ataque. Un juego completamente estático, dejando las tareas ofensivas a Ibra, Lavezzi y Moura. Cabe destacar la primera parte del brasileño y sus cabalgadas a la contra que se traducían en ocasiones de peligro, pero que se topaban con un Victor Valdés enorme.


¿Y del Barça qué? Lo esperado: toque, posesiones largas y control. Su único aviso en los compases iniciales fue un disparo lejano de Iniesta. Resultaba tarea imposible penetrar por el medio con un Thiago Silva enorme (para mi, el mejor del partido). Pero el fútbol es un deporte de detalles. Y en eso Messi puede ser decisivo. Pero ayer no estuvo solo: Alves se invento un pase con el exterior ('de tres dedos' como dirían en tierras argentinas) para que La Pulga batiese por abajo a Sirigu. Sería la penúltima acción de Messi en el encuentro, puesto que tras otro disparo suyo que salió rozando el palo largo, notó un pinchazo en el bíceps femoral y tuvo que ser sustituido por Cesc al descanso. Se iba el Barça a los vestuarios con la sensación de haber sido inferior al PSG en los compases iniciales, con toda la segunda mitad por delante y sin Messi.


La segunda parte trajo consigo una tónica similar: Valdés sostenía al Barça mientras que Alexis, muy participativo todo el encuentro, perdonaba el 2-0. Y llegó el empate de Ibra tras un remate a la madera de Thiago Silva en una ocasión a balón parado. El gol del sueco era en claro fuera de juego que el línea no señaló, pero se supone que el fútbol es un deporte de errores, ¿no? He ahí uno de ellos.

El penalti de Sirigu a Alexis.

Cuando el partido agonizaba, a la lesión de Messi había que unir la de Mascherano (y un susto que dio Jordi Alba), pero Sirigu trabó a Alexis en el área, sancionándolo el colegiado Stark con penalti, que transformaría Xavi en el 1-2. El asalto del Barça al Parc des Princes parecía sentenciado, pero Ibrahimovic ganó el enésimo balón por alto, lo cedió magistralmente atrás a Matuidi que la pegó desde la frontal, pasando la pelota por debajo de las piernas de Bartra y despistando a Valdés, que volvió a realizar una de sus "cantadas", manchando otra noche mágica suya en París.

El resultado para el cuadro culé no es malo, ni mucho menos, pero sí el coste: con Messi en duda para jugar la vuelta (se supone que se trata de una lesión de 3 semanas, pero el parte médico oficial solo le descarta para la jornada liguera ante el Mallorca) y la baja de Mascherano (6 semanas) la defensa queda en cuadro: Puyol y Adriano lesionados, las opciones para el centro de la zaga pasan por colocar a Bartra, a Song o retrasar a Busquets, puesto que parece que el partido sería mucha exigencia para un recién recuperado Abidal. Problemas para Tito Villanova, que volvió a reaparecer ayer sobre un terreno de juego y que tal vez sea, junto con la cuantía de goles anotados fuera de casa, la nota más positiva en Can Barça sobre su noche parisina.

El rodillo alemán amenaza con un nuevo Reich futbolístico.
Tal vez la cabecera de la noticia os parezca un tanto fuerte. Hacer referencia al Reich puede hacer viajar vuestra mente a connotaciones nacionalsocialistas, pero creo que es la mejor manera de describir lo que es este Bayern de Munich: un imperio. El equipo que mereció ganar la pasada edición de la Champions League (fue de lejos superior en la final) recibía a otro de los equipos que se pasea victorioso por su campeonato doméstico: la Juventus de Turín.

El partido comenzó vibrante en el Allianz Arena: Alaba soltaba un latigazo desde lejos que sorprendía a Buffon. No se había cumplido el minuto, solo se descontaban 26". La Juventus buscaba implantar su juego de toque, apoyándose en el siempre presente Pirlo. Pero cuando el italiano levantaba la cabeza solo veía camisetas rojas rodeándole. Para mi no es que Pirlo pasase discreto o jugase mal, para mi jugó solo. Si dispones al lado de Pirlo a Marchisio y a Vidal es para controlar el partido. Pues bien, ni uno ni otro se ofrecían, ahogados por el centro del campo teutón. La solución de la Juve fue probar el balón el largo. Hacer eso contra un equipo cuyos centrales son Dante (1,88m) y Van Buyten (1,97m) es un suicidio. Ni una pelota ganaron arriba Matri y Quagliarella, los puntales que dispuso Conte anoche.

Parecía que el partido podía cambiar de rumbo cuando Kroos se lesionó e ingresó Robben. Y tanto que si cambió, pero no a favor de los bianconeri. El holandés fue un dolor constante por el flanco diestro, pasando Müller a ocupar la mediapunta. Y si mirábamos a la otra banda nos encontrábamos a Ribery y a un inmenso Alaba que corría por el flanco zurdo como si fuese una autopista. 

Sin embargo, la superioridad alemana no se traducía en una goleada escandalosa gracias a la figura (parece que eterna) de Gianluigi Buffon. El portero transalpino mantenía con esperanzas a la Juve con grandes intervenciones, una parada tras otra. Pero finalmente, tras rechazar un disparo de Luiz Gustavo, la pelota le cayó a Mandzukic, que asistió a Müller para que hiciese el 2-0 a puerta vacía. La reacción de Conte haciendo ingresar a Giovinco y Vucinic no tuvo resultado. O la Juve cambia radicalmente su imagen para el partido de vuelta o el Bayern parece dispuesto a pasearse por Turín.


martes, 2 de abril de 2013

Benzema y sus sombras desde Francia.

Mucho se ha estado hablando de Karim Benzema la última semana. Durante el parón en las principales ligas europeas por los partidos clasificatorios para el Mundial de 2014, salieron a la luz unas declaraciones del ariete del Real Madrid en el que reconocía que no cantaba 'La Marsellesa' en los partidos de Les Bleus. A raíz del escándalo y las críticas suscitadas, cabe destacar que Benzema, de ascendencia argelina, no es el primer jugador que se niega a entonar el himno francés (Zidane tampoco lo cantaba en todas las ocasiones). Y que más decir que sería impensable en  países como Alemania criticar a jugadores como Klose (ascendencia polaca) o Gündogan y Özil (turcos) por no cantar el 'Lied der Deutschen'.

El revuelo causado en el país galo fue brutal. Se empezaron a manejar las estadísticas del delantero, que ya encadena (tras el partido contra España) doce encuentros sin marcar con el combinado nacional, más de 1.000 minutos. Cifras demoledoras, es cierto, tendiendo en cuanta que su último tanto llegó contra Estonia en el mes de junio, partido en el que firmó un doblete.

Pese a que tras comenzar a darse importancia a los números de Karim, el capitán de Francia, Hugo Lloris y el seleccionador Didier Deschamps mostraron su confianza en Benzema, convencidos de que "verá pronto puerta" y de que "cuenta con todo el apoyo de sus compañeros", también le llovieron críticas del mundo del fútbol galo, más concretamente de Raymond Domenech, ex-seleccionador francés y el cual dejó al delantero fuera del fracaso que resultó la cita mundialista de Sudáfrica para el combinado galo. Es más, bien es conocida la "tradición" de Domenech de realizar las convocatorias de su selección basándose en el horóscopo de sus jugadores (si no que le pregunten a Giuly por qué no fue al Mundial de 2006 y sí lo hizo Wiltord). Pero esa es otra historia que solo quería apuntar ligeramente para poder tomarnos con la seriedad que requiere y merecen las palabras, actos y críticas del señor Domenech.

La lluvia de "palos" en contra del delantero merengue ha atravesado la frontera con el país vecino llegando a España, donde lo  hemos unido a sus infracciones al volante y números con la camiseta de su club para crear un cóctel aún más demoledor. Hemos seguido criticando a Benzema aquí cuando sus problemas son con su selección y no con nosotros, es más, nos beneficiamos en el partido del pasado martes. Cierto es que su bagaje en el Madrid este año es muy pobre (8 goles en Liga, 3 en Champions y 4 en Copa), pero los datos del otro delantero puro (Higuaín) no son más ilusionantes. Parece ser que se nos ha olvidado ese Benzema que encumbrábamos cuando realizó una chilena antológica contra el Ajax en la fase de grupos de la Champions League, o cuando sus triangulaciones con Özil y CR levantan al público de sus asientos. Hemos acabado siendo cómplices de los franceses en su "cruzada" personal contra Benzema. Un poco de cordura, de pararnos a pensar y de no inmiscuirse en lo ajeno.