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martes, 17 de diciembre de 2013

El Atlético de Madrid y el Milán entrecruzan su destino

La presencia de Gianni Infantino siempre es bien. El suizo volvía a proporcionarnos dosis de tensión e ilusión a partes iguales, alimentaba a los soñadores y castigaba a los taquicárdicos. Yo me encontraba en ambas posiciones -mi Atleti estaba en el bombo de los primeros de grupo- y quería evitar los cocos -City y Arsenal- pero me atraía especialmente el segundo club más laureado en la máxima competición europea: el A.C. Milan.

El Atleti está realizando una temporada espectacular y visitar San Siro es un premio. Uno de los estadios con más historia en el Viejo continente es plaza obligada para los más grandes. Y el Cholo está encabronado de sobremanera con situar a su grupo como una de las entidades punteras en el panorama futbolístico.

Los males rossoneri.

El Milan es un grande en horas bajas. Una mala gestión acompañada del olvido de la entidad lombarda por parte de Silvio Berlusconi, que al fin y al cabo es el que se rasca el bolsillo. "No hay dinero para fichar" es la máxima más escuchada en las oficinas de San Siro, mientras Galliani -bendito genio- confecciona un equipo más o menos competitivo año a año. Y Bárbara Berlusconi -hija de Silvio- queriendo desplazarlo de sus ocupaciones. Lucha de intereses que no ayuda.

Algunas decisiones de Massimiliano Allegri son más que discutibles -como su afición en reconvertir a Poli al lateral-, pero en su haber encontramos un Scudetto y una Supercoppa. Max es un técnico de nivel, con una plantilla descompensada y un largo elenco de haters. Su máxima es el orden y el rigor defensivo: si hay que cerrarse como local, se hace. Y a partir de ahí, lo que surja.

XI del Milan en la temporada 2010/11, cuando ganó sus dos últimos títulos. Allegri prefería a Van Bommel por delante de Pirlo.

El Milan a día de hoy: sombras atrás, luces arriba.

El mencionado rigor táctico de Allegri consigue semi-enmascarar las carencias defensivas de un equipo sin un central de garantías. Thiago Silva puso rumbo a París hace dos temporadas y nadie ha sabido como suplir su ausencia. Mexès era hasta hace unas jornadas el único cerrojo que aportaba más seguridad, pero constantes errores le han relegado a la suplencia. Zapata no es la versión paupérrima de Villareal pero tampoco llega al nivel mostrado en Udinese. Bonera parece sacado de un museo de historia antigua y, para rematar la jugada, el Inter sacó la basura en el mercado estival y les coló a Silvestre.

En los flancos, Abate y De Sciglio ofrecen un buen nivel, compensando ataque y defensa. Ese equilibrio es el que echa en falta Constant, jugador que apoya bien en funciones ofensivas pero que pierde la espalda con facilidad. Emanuelson (opción empleada por Allegri en banda izquierda en los últimos choques) no mejora el panorama.

La esperanza rossonera reside en la incorporación de Adil Rami. La salida del central bleu del Valencia es celebrada en Milano como un refuerzo obligado. Con poco se consolidará como el central de mayor nivel del equipo.
Posible zaga del Milan a partir de enero. Abbiati (ahora lesionado) es el portero de más garantías.
La medular solo aporta destellos de vez en cuando. Nigel de Jong se antoja como pieza imprescindible a la hora de cortar el juego rival e iniciar la transición. Montolivo -ausente en el partido de ida por sanción- es el encargado de la distribución de balón. El tercer integrante puede ser Andrea Poli -mismo perfil que Montolivo- o un centrocampista de mayor recorrido y sacrificio -Muntari o Nocerino-. Al igual que Rami, Keisuke Honda llegará a la capital lombarda en el mercado invernal, pero el hecho de haber disputado Champions con el CSKA le impedirá lucir lo que resta de temporada la maglia rossonera en el escaparate europeo.

De Jong es imprescindible como regista. La ausencia de Monto dará entrada a Poli en el XI de la ida.
En la parcela ofensiva es donde el Milan puede discutir y ganar un partido. A Kakà la camiseta milanista le sienta bien. Ricky pasa de ser un futbolista sin ritmo a cabalgar por la banda izquierda, asociándose constantemente con Balotelli, futbolista más determinante en los metros finales. El Shaarawy queda relegado al flanco diestro, donde alterna con Birsa o Robinho. La opción más ofensiva de los diavoli es la entrada de Matri o Pazzini como '9', cayendo Balotelli a la derecha.

La llegada de Kaká ha revolucionado el juego ofensivo.

El affaire Muntari.

El Milan estaba en el punto de mira colchonero a raíz de unas supuestas declaraciones de Sulley Alli Muntari, según las cuales "prefería al Atleti en 1/8 por tratarse del rival más débil". Ha salido recientemente una información aclarando el malentendido, resumida en el time line de @andydepauli.


Hasta el 19 de febrero,día en el que se disputará la ida en San Siro, muchas cosas pueden cambiar. A día de hoy el Atlético de Madrid parte como favorito ante un rival que, si bien se crece con las noches europeas en casa -véase duelos v Barça-, no afronta los partidos con el derroche físico, el esfuerzo y la garra que Simeone ha instalado como automatismos en el conjunto colchonero. Soñemos con llegar lejos.

Juan Carlos Mateos del Amo (@juancarlosm_11)





miércoles, 21 de agosto de 2013

Un equipo kazajo con alma inglesa

Muchos coincidiremos en que nos llamaba poderosamente la atención el Stoke City de Tony Pulis. Más allá de ser un equipo con el típico juego inglés, directo, de balón largo y azaroso buscando la segunda jugada, tenía un elemento que le concedía cierta gracia, algo que nos esbozaba una mueca de admiración cada vez que lo contemplábamos: los saques de banda.

Rory Delap era un centrocampista irlandés que no destacaba ni por su llegada ni por su visión. Simplemente se dedicaba a cumplir sobre el terreno de juego, sin complicarse. Después de pasar por el Carlisle, el Derby, el Southampton y el Sunderland encontró acomodo en el centro de Inglaterra, en la ciudad de Stoke-on-Trent. Tony Pulis supo extraer todo su potencial, residente en sus brazos más que en sus piernas: saques de banda que conllevaban un peligro similar a un córner. Acabado el proyecto de Pulis en el Britannia Stadium y la andadura de Delap como potter, personalmente creía que nunca vería otro equipo con una característica tan diferencial llevada a ese extremo de perfeccionamiento.

Fuente: BBC.co.uk.
Pero ni el Stoke ni Delap son los protagonistas de estas líneas. Hoy jugaba el Shakhter Karagandy, equipo kazajo que ha sorprendido a todo el mundo plantándose en la última eliminatoria que da acceso a la fase de grupos de la UEFA Champions League. Y el último escollo a superar era el Celtic de Glasgow, equipo histórico y que fue capaz de ganar al Barça en la pasada edición de la Champions.

El primer round se disputaba en Astaná, ciudad que da nombre a un conocido equipo de ciclismo y que acogió el partido ya que el estadio del Shakhter (el Shakhtyor Stadium, en la ciudad de Karagandy) no cumple la normativa UEFA para albergar partidos de competiciones europeas. En este clima pocos soñábamos con una victoria de los locales, que defendían horrible por alto (donde más fuerte era el Celtic) y con un 5-4-1 esperando generar algo de peligro con balones largos.

No había nada que llamase poderosamente la atención hasta que le pelota salió por el lateral del campo. Entonces el dorsal '3' (a la postre he conocido que se llama Gediminas Vicius) colgó un balón al área. ¡Como el Stoke de Delap!, pensé. Un error del Celtic atrás y la pelota suelta para que su capitán, Andrei Finonchenko, hiciera saltar la sorpresa. Cada balón desde el lateral era un peligro, y los escoceses defendían nerviosos ese tipo de jugadas, cuando suelen ser dominadores del juego aéreo.

Hacia el final del partido, un balón centrado desde la izquierda se encontró con Khizhnichenko, que batió a Forster y amplió la ventaja a dos goles. No sabemos como acabará la historia en Celtic Park, pero el sueño de los kazajos se mantiene intacto.

Fuente: futbolocos.com

martes, 23 de abril de 2013

Una nueva hegemonía








"El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania" Gary Lineker.




Los reinados no terminan así como así. El rey siempre delega en otra figura la potestad y el privilegio de gobernar. Eso hemos podido presenciar hoy en el Allianz Arena. El F.C. Barcelona, dominador absoluto del panorama europeo gran parte de la última década, hincó la rodilla ante un equipo que supo minimizar sus opciones y explotar sus debilidades.

Podría decirse que es el resurgir del denominado fútbol total en el siglo XXI. El estilo de juego comenzado por la Holanda de Cruyff ha bañado las bases del actual proyecto de Jupp Heynckes, genio y maestro que será relegado de su puesto al final de temporada por Pep Guardiola. Al igual que en su etapa en el Real Madrid, puede ser despedido tras ganar la competición más prestigiosa de Europa. Y encima habiendo eliminado y retratado al equipo de su sucesor en el banquillo del Allianz. Cosas de la vida.

Una presión intensa con una línea adelantada, obligando al Barça a replegar la propia, asfixiaba la salida de balón del conjunto blaugrana. Un Messi "supuestamente" recuperado se veía obligado a bajar a recibir al centro del campo, donde el incansable trabajo de la dupla Javi Martínez-Schweinsteiger secaba cada intento del astro argentino por desatascar el encuentro, del que Xavi e Iniesta solo tuvieron dominio cuando el Bayern bajó una marcha tras el 2-0, pero siempre obligando al Barça a penetrar por banda y buscar centros al área donde la falta de un nueve puro se echa cada día más en falta.

En este contexto tuvo el Bayern todavía tiempo de anotar dos goles más con sendas acciones por banda, con un juego rápido y preciso, sin adornos. Un equipo acostumbrado a tener la pelota se la entregó al Barcelona, sabedor que la perdería de forma natural. Un equipo que adaptó perfectamente a otro estilo y salió vencedor. Un ejemplo de selección natural en el fútbol, adaptarse o morir. No es el fin de ciclo del Barcelona. Es el comienzo de la hegemonía teutona.

El panzer muniqués

Sammer, actual director deportivo del Bayern.
"Caemos mal porque otros quieren ser simpáticos, nosotros simplemente ganar". Con esta frase resume toda una institución del fútbol alemán como es Matthias Sammer la filosofía del Bayern de Múnich, la apisonadora alemana disfrazada de equipo que es el club de Baviera. Y no solo arrasa con todo lo que se pone en su camino en el campo, sino que también lo hace en los despachos.


Tras una semana movidita en las oficinas del Allianz Arena por el escándalo financiero que salpica a Uli Hoeness, presidente del club, el diario Bild (de información tan creíble como afín al Bayern) publicaba el bombazo de la Bundesliga: la entidad tetracampeona de Europa había pagado la cláusula de Mario Götze, jugador del Borussia Dortmund y que permanecerá en tal entidad hasta el 1 de julio de este año, momento en el que pasará a formar parte de la disciplina del equipo de Pep Guardiola. 37 millones de euros para ver a una de las perlas del fútbol alemán enfundarse la camiseta roja y para dar un golpe encima de la mesa en una semana crucial por la Champions League. Como un gallo sacando pecho en su corral.



Siguiendo los pasos de Sammer.

Quedará por ver el apoyo de la grada a Götze en este tramo final de la temporada, pero ya es retratado como traidor por ciertos sectores de la hinchada del BvB. Mismo odio que profesan al autor de la frase con la que abría esta reflexión: Matthias Sammer. Emblema del Borussia campeón de Europa en 1997, arrebató el año anterior el Balón de Oro a una estrella emergente como era Ronaldo Nazario, todavía en el PSV. Retirado de los terrenos de juego en 1998, dirigió desde el banquillo cuatro años (2000-2004) al club de Dortmund. Pese a todo esto, parece ser que a Sammer se le olvidó su pasado y  tomó rumbo hacia la entidad de Baviera, tentado por su organización y capacidad financiera.

No es la primera vez.

Esta estrategia del Bayern de contratar a un emblema del campeonato local ya ha vivido capítulos con anterioridad: cuando la amenaza era el Werder Bremen, se desembolsó el capital muniqués por dos de sus pilares como eran Miroslav Klose y Tim Borowski. Más reciente fue el fichaje del portero Manuel Neuer cuando el Schalke 04 de Raúl acechaba el dominio del fútbol alemán. 

El imperialismo económico de Múnich en Alemania y en el fútbol europeo (hágase referencia a casos como los de Luca Toni, Ribéry, Robben o Javi Martínez) no conoce fronteras.

sábado, 13 de abril de 2013

El diablo rojo noruego.


Estamos acostumbrados a tildar de leyendas a jugadores que, durante su estancia en un club, rompen récords, lanzan al equipo a nivel de títulos o dan detalles de su calidad cada partido. Pero en realidad las verdaderas leyendas nacen y viven de mucho más que eso, y lo hacen de cosas más importantes. Viven del amor y la fidelidad a unos colores, de la entrega a una camiseta y de la comunión con la grada. Estas características son las que reunía nuestro protagonista de hoy, Ole Gunnar Solskjær.


Ole nació en Kristiansund, Noruega, el 26 de febrero de 1973. Desarrolló los primeros años de su carrera en dos clubes noruegos, antes de recalar en el todopoderoso Manchester United.

En las 11 temporadas (1996-2007) en las que Solskjær defendió el escudo del equipo de Old Trafford nunca se erigió como titular indiscutible, sino que alternaba titularidad con banquillo. Y en ese contexto, sentado en la banca esperando oportunidades, nació su leyenda: la leyenda del super-sub. Se decía que no había partido en el que, saliendo desde el banquillo, Ole Gunnar Solskjær no marcase. No era un jugador  técnico, pero sí reunía las condiciones idóneas para ser un killer: dominio de ambas piernas y de la cabeza. Pero su cualidades más importantes eran sin duda su inteligencia, actitud y concentración.
Como reconoció Sir Alex Ferguson "tiene mentalidad de entrenador. Durante los partidos analiza a los rivales, busca sus puntos débiles. Eso le da luego ventaja". El asesino con cara de niño, como le conocían, consiguió anotar 29 goles en los 150 partidos que partió como suplente. Para el recuerdo quedan los cuatro goles que le endosó al Nottingham Forest en tan solo 12 minutos.


Solskjær celebrando el gol de la victoria.
Pero el momento más memorable de su carrera llegó en la final de la Liga de Campeones de 1999, disputada en el Camp Nou, en la que el Manchester United se medía con el Bayern de Múnich. Los alemanes se adelantaron con un tempranero gol de Mario Basler y dominaron durante todo el encuentro, pero no consiguieron ampliar su ventaja. Un United inoperante en ataque, que casi no generó peligro a lo largo del encuentro, suscitó que Ferguson realizase dos cambios, claves a la postre: dio entrada a Teddy Sheringham (67') y Solskjær (81'). Ambos cambiarían el rumbo de la contienda, consiguiendo el primero el tanto del empate en el minuto 91 y asistiendo a nuestro protagonista en el 93' para que el United se erigiese como rey de Europa. La cara de incredulidad de los jugadores del Bayern lo resumía todo. Solskjær les había arrebatado en un instante lo que habían merecido con creces durante 90 minutos.





A partir de 2004 sus apariciones fueron mucho más escasas debido a una grave lesión de rodilla. Hasta su retirada en 2007 no llegó a superar la decena de partidos disputados. Pero para entonces ya no era un jugador más. Era leyenda e historia viva de Old Trafford. Otros jugadores se habrían marchado a otro club ante tan pocas oportunidades, él asumió su rol y dio siempre el máximo. El fútbol le recompensó con el recuerdo que se tendrá de él y de su gol en esa final de 1999.





Actualmente es el entrenador del Molde FK noruego, club desde el que dio el salto a la Premier League. Ferguson ha reiterado en varias ocasiones que él sería su sustituto en el banquillo del Teatro de los sueños. Quién sabe, tal vez su leyenda con el United no esté del todo escrita.








miércoles, 3 de abril de 2013

Volvió la Champions, volvió la magia.

Volvió la Champions League. La mayor competición continental retomó su frenética actividad e inigualable emoción con dos partidazos. Las noches de fútbol europeo volvieron a ser lo más comentado en el día de ayer. Y lo serán en el de hoy. Porque la Champions es única, distinta, especial, mágica. El fútbol adquiere otra dimensión cuando escuchamos su sinfonía. Es la competición reservada a los mejores, a los que buscan escribir su nombre en la historia, tocar el cielo consiguiendo 'La Orejona' que, un año más, espera al final del camino en el mítico Wembley. Comenzamos.

Una noche muy cara.
Ayer no era un día normal en la capital gala. Se notaba en el ambiente. Era noche grande. El relanzado proyecto del PSG, equipo joven donde los haya (solo 38 años de historia le avalan) buscaba medir su importante inversión qatarí con un reto. Grande, tal vez el mayor de todos: el FC Barcelona. Pudiendo contar con Ibrahimovic, al que la UEFA le libró del partido de sanción que le quedaba por su expulsión contra el Valencia, los parisinos llegaban crecidos, con confianza, pero sabiendo que a priori eran el equipo inferior.

Y la primera sorpresa la conocíamos alrededor de las 19.00: Beckham era titular en vez del jovencísimo Verrati. ¿Qué buscaba Ancelotti? ¿Entregaba el control del partido renunciando al toque? ¿Mayor experiencia en la medular? ¿Más oportunidades a balón parado?. La respuesta la pudimos contemplar en el campo durante todo el partido: un Becks que guardaba su posición y buscaba la pelota larga, los cambios de dirección y que no se prodigaba en ataque. Un juego completamente estático, dejando las tareas ofensivas a Ibra, Lavezzi y Moura. Cabe destacar la primera parte del brasileño y sus cabalgadas a la contra que se traducían en ocasiones de peligro, pero que se topaban con un Victor Valdés enorme.


¿Y del Barça qué? Lo esperado: toque, posesiones largas y control. Su único aviso en los compases iniciales fue un disparo lejano de Iniesta. Resultaba tarea imposible penetrar por el medio con un Thiago Silva enorme (para mi, el mejor del partido). Pero el fútbol es un deporte de detalles. Y en eso Messi puede ser decisivo. Pero ayer no estuvo solo: Alves se invento un pase con el exterior ('de tres dedos' como dirían en tierras argentinas) para que La Pulga batiese por abajo a Sirigu. Sería la penúltima acción de Messi en el encuentro, puesto que tras otro disparo suyo que salió rozando el palo largo, notó un pinchazo en el bíceps femoral y tuvo que ser sustituido por Cesc al descanso. Se iba el Barça a los vestuarios con la sensación de haber sido inferior al PSG en los compases iniciales, con toda la segunda mitad por delante y sin Messi.


La segunda parte trajo consigo una tónica similar: Valdés sostenía al Barça mientras que Alexis, muy participativo todo el encuentro, perdonaba el 2-0. Y llegó el empate de Ibra tras un remate a la madera de Thiago Silva en una ocasión a balón parado. El gol del sueco era en claro fuera de juego que el línea no señaló, pero se supone que el fútbol es un deporte de errores, ¿no? He ahí uno de ellos.

El penalti de Sirigu a Alexis.

Cuando el partido agonizaba, a la lesión de Messi había que unir la de Mascherano (y un susto que dio Jordi Alba), pero Sirigu trabó a Alexis en el área, sancionándolo el colegiado Stark con penalti, que transformaría Xavi en el 1-2. El asalto del Barça al Parc des Princes parecía sentenciado, pero Ibrahimovic ganó el enésimo balón por alto, lo cedió magistralmente atrás a Matuidi que la pegó desde la frontal, pasando la pelota por debajo de las piernas de Bartra y despistando a Valdés, que volvió a realizar una de sus "cantadas", manchando otra noche mágica suya en París.

El resultado para el cuadro culé no es malo, ni mucho menos, pero sí el coste: con Messi en duda para jugar la vuelta (se supone que se trata de una lesión de 3 semanas, pero el parte médico oficial solo le descarta para la jornada liguera ante el Mallorca) y la baja de Mascherano (6 semanas) la defensa queda en cuadro: Puyol y Adriano lesionados, las opciones para el centro de la zaga pasan por colocar a Bartra, a Song o retrasar a Busquets, puesto que parece que el partido sería mucha exigencia para un recién recuperado Abidal. Problemas para Tito Villanova, que volvió a reaparecer ayer sobre un terreno de juego y que tal vez sea, junto con la cuantía de goles anotados fuera de casa, la nota más positiva en Can Barça sobre su noche parisina.

El rodillo alemán amenaza con un nuevo Reich futbolístico.
Tal vez la cabecera de la noticia os parezca un tanto fuerte. Hacer referencia al Reich puede hacer viajar vuestra mente a connotaciones nacionalsocialistas, pero creo que es la mejor manera de describir lo que es este Bayern de Munich: un imperio. El equipo que mereció ganar la pasada edición de la Champions League (fue de lejos superior en la final) recibía a otro de los equipos que se pasea victorioso por su campeonato doméstico: la Juventus de Turín.

El partido comenzó vibrante en el Allianz Arena: Alaba soltaba un latigazo desde lejos que sorprendía a Buffon. No se había cumplido el minuto, solo se descontaban 26". La Juventus buscaba implantar su juego de toque, apoyándose en el siempre presente Pirlo. Pero cuando el italiano levantaba la cabeza solo veía camisetas rojas rodeándole. Para mi no es que Pirlo pasase discreto o jugase mal, para mi jugó solo. Si dispones al lado de Pirlo a Marchisio y a Vidal es para controlar el partido. Pues bien, ni uno ni otro se ofrecían, ahogados por el centro del campo teutón. La solución de la Juve fue probar el balón el largo. Hacer eso contra un equipo cuyos centrales son Dante (1,88m) y Van Buyten (1,97m) es un suicidio. Ni una pelota ganaron arriba Matri y Quagliarella, los puntales que dispuso Conte anoche.

Parecía que el partido podía cambiar de rumbo cuando Kroos se lesionó e ingresó Robben. Y tanto que si cambió, pero no a favor de los bianconeri. El holandés fue un dolor constante por el flanco diestro, pasando Müller a ocupar la mediapunta. Y si mirábamos a la otra banda nos encontrábamos a Ribery y a un inmenso Alaba que corría por el flanco zurdo como si fuese una autopista. 

Sin embargo, la superioridad alemana no se traducía en una goleada escandalosa gracias a la figura (parece que eterna) de Gianluigi Buffon. El portero transalpino mantenía con esperanzas a la Juve con grandes intervenciones, una parada tras otra. Pero finalmente, tras rechazar un disparo de Luiz Gustavo, la pelota le cayó a Mandzukic, que asistió a Müller para que hiciese el 2-0 a puerta vacía. La reacción de Conte haciendo ingresar a Giovinco y Vucinic no tuvo resultado. O la Juve cambia radicalmente su imagen para el partido de vuelta o el Bayern parece dispuesto a pasearse por Turín.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Mirando al pasado: George Best.


Excelente como futbolista, problemático en el ámbito privado. Así podemos resumir la figura de George Best, sin duda alguna, el mejor jugador nor-irlandés de la historia.

Extremo menudo y rápido, técnicamente bien dotado, vio truncada su exitosa carrera por sus problemas con el alcohol, que terminó por llevárselo en 2005. 

George Best debutó en 1963 con la elástica del Manchester United, formando la conocida como Santísima Trinidad junto a Denis Law y Bobby Charlton. Con los red devils jugó hasta 1974 y ganó dos ligas y una Copa de Europa, la cual celebró junto a John Lennon y Yoko Ono en vez de hacerlo con sus compañeros de equipo, ganándose el apodo de El quinto Beatle. A nivel individual, fue galardonado con un Balón de Oro y un Balón de Bronce.

Tras su etapa en Manchester, fichó por el Fulham, donde solo permaneció una temporada. Hasta su retirada, en 1984, jugó en pequeños equipos de Escocia, Irlanda y Estados Unidos.

Siempre se tomó su alcoholismo y su gusto por las mujeres con el típico humor inglés que le caracterizaba, dejando frases para el recuerdo. Aquí van algunas de ellas:

- "Tenía una casa en la costa, pero para llegar a ella había que pasar por un bar. Nunca llegué a ver el mar".
- "Cada vez que entro a un sitio, hay 70 personas para invitarme a beber, y yo no sé decir que no".
- "En 1969 dejé las mujeres y el alcohol. Fueron los 20 peores minutos de mi vida".
- "Me gasté la mayor parte de mi fortuna en alcohol, mujeres y coches deportivos. El resto lo desperdicié".
- "Nunca salía por la mañana con la intención de emborracharme, simplemente sucedía".
- "No la pega con la izquierda, no cabecea, no defiende y marca pocos goles. Aparte de eso, está bien". (Opinando sobre David Beckham).

Pero a pesar de su faceta problemática, en su recta final nos regaló una frase que demostraba su amor e implicación por el fútbol: "Remember me for my football".

Su mala cabeza y el no haber cosechado éxitos con su selección (cuando Irlanda del Norte se clasificó para el Mundial de España'82, Best contaba ya con 36 años, con lo cual no participó) nos impide hablar de George Best como uno de los mejores jugadores de toda la historia.





domingo, 20 de mayo de 2012

El triunfo inesperado.




23:20 aproximadamente. Didier Drogba frente a Neuer, el penalti decisivo. El africano tranquilo, frío, con carrerilla corta para lanzar el penal, como acostumbra en cada balón parado. El alemán seguro como siempre, pero con una responsabilidad enorme, el alargar la vida de la tanda o que el Chelsea se encumbrase. Y pasó lo segundo. Llantos de todo tipo en la cancha, de alegría, de dolor y tristeza, pero el orgullo blue sobrevolando el Allianz Arena y la noche muniquesa. El Chelsea era campeón de Europa, pero para esto, hay que retroceder 120 minutos de partido y prórroga.

El partido comenzó con el guión esperado: un Chelsea algo más libre que contra el Barça y un Bayern jugando a lo que sabe: atacar. El Chelsea buscando las contras por las bandas con Kalou y Ryan Bertrand (1er jugador en debutar en la Champions en la final) como efectivos y con el ingenio de Mata y el talento inextinguido de Lampard en el doble pivote con Mikel. Y en punta el héroe de la noche de ayer, y de las semifinales, y puede que de toda la Champions: Drogba. Los de Munich, por su parte, con Robben y Ribery en banda, Schweinsteiger y Kroos en el doble pivote y un inoperante Müller (hasta su gol, prácticamente desaparecido) por detrás del imponente Mario Gomez, segun máximo artífice del campeonato por detrás de Messi. La idea del Chelsea duró poco: el talento arriba del Bayern y la inercia ofensiva de sus jugadores llevaron al Chelsea a estar defendiendo como en las semis. La gente dirá que el partido fue aburrido, no hubo emoción y goles hasta el final, y el público quiere ver goles. Pero ayer hubo fútbol, mucho fútbol, dos estilos completamente dispares: la perfecta defensa inglesa (quién diría que un equipo inglés defendería nunca tan bien) contra el poderío alemán.

 El Bayern estaba tranquilo: sabían que tarde o temprano llegaría su oportunidad, siempre hay grietas en los muros. Pero si detrás de ese muro está Cech, la cosa cambia. El checo sacó todo lo que le tiraron, destacar una magnífica intervención con el pie a tiro de Robben. Pero el momento de Petr Cech llegaría más tarde, después de los 90 minutos. La insistencia del Bayern llevó a que en el minuto 83 de partido, un centro de Kroos fuese rematado por Müller. Era el gol de la final, el gol de la 5ª Champions del Bayern y el premio al dominio y la insistencia durante todo el partido. Pero entonces ellos aparecieron.


Di Matteo metió a Torres por Kalou y Van Buyten entró por el héroe Müller. Algunos dirán que es una
simple anécdota, pero el córner del empate, de la esperanza, fue forzado por Torres. Centro al primer palo y ahí apareció Drogba. Lo hizo, empató el partido en el 88 tras un Neuer que defendió el corner en la línea de la portería y no un paso adelante, como se le manda a los porteros. El paso que separó al Bayern de volver a ganar la Champions. Eso sí, este detalle no le quita mérito a Drogba, remate exquisito a la escuadra del, para mi, mejor futbolista africano de la historia.

Juup Heynckes se encontró con la fría realidad: había metido un defensa más, Tymoshchuk había pasado al medio y Kroos a la media-punta. No cambió el dibujo, pero el equipo era más defensivo. El colmo llegó en la prórroga: penalti cometido por Drogba sobre Ribery. Robben se disponía a lanzar. Y ahí apareció la figura del hombre del casco. Cech detiene, y la locura blue se desata, mientras caía la moral del Bayern. En la siguiente jugada Ribery cae lesionado y entra en su lugar el croata Ivica Olic.

Con un Bayern moral y fisicamente hundido se llegó al final de la media hora de la prórroga, no sin disponer antes de dos ocasiones, una en la que Olic no se entendió con Van Buyten y otra en la que Cahil le rebañó la pelota a Gomez.

Siempre me han dicho y he aceptado que los penaltis son injustos y feos, que puede ganar el que menos lo merezca. Ayer el Chelsea defendió de 10, igual que el Bayern atacó de 10, había justicia fuese el que fuese el ganador. Hasta ayer. Porque dicen que los penaltis son una lotería, que el portero elige un lado y se tira. Bobadas, Ayer Cech demostró saber lo que hacía: en todos los lanzamientos acertó el lado, fuese después la estirada mejor o peor, pero siempre eligió el lado correcto.

En el primero, Lahm consiguió meter pese a que Cech tocó el balón. Mata, primer lanzador del Chelsea y visiblemente nervioso lo tiro mal, flojo. Neuer interceptó.

El segundo fue obra de Mario Gomez. Impresionante la forma de lanzar el penalti, perfecto. Lo mismo que David Luiz. Me sorprendió que tirase él, pensé que lo haría horrible y me hizo ver que estaba equivocado. A la escuadra.

El tercero fue aún mayor sopresa: Neuer. Gran lanzamiento abajo, aunque creo que Cech pudo haberlo parado. Y era el turno de Lampard, leyenda de este Chelsea. El jugador surgido del West Ham United lanzó al centro y fuerte, arriesgado, pero seguro.

Y llegó la debacle alemana. Cech intercepta el disparo de Olic y Cole consigue empatar la tanda a 3.
El 5º y definitivo. Schweinsteiger, el hombre que eliminó al Madrid metiendo el último penalti, tenía la responsabilidad del 5º. Y al palo. Silecio. caras largas, preocupación y Drogba que cogía el balón que le daría un nombre entre los más grandes del mundo, si no lo era ya. Frío, el africano engañó a Neuer. El Chelsea era campeón.

Ganó su primera tanda de penaltis en la UCL y el Bayern perdió la primera. Las estadísticas están para romperlas, y en que momento. 9 años después y 900 millones invertidos por Abramovich le daban su primera Champions al Chelsea. El héroe llegado del OM, Drogba, su Champions, leyenda viva de los blues.

Y el gran momento de uno de los ausentes en la final: John Terry levantaba la copa junto a Frank Lampard. Se quitaron la espina de Moscú en 2008, cuando Terry se resbaló y el Chelsea perdió frente al Manchester United. Y en ese momento, el cielo de la capital de Baviera se tiñó de azul, del azul de los campeones, del azul de jugadores que han luchado con uñas y dientes, de verse fuera en octavos a la gloria europea. Enhorabuena Chelsea.

viernes, 18 de mayo de 2012

Múnich 2012

Arranco con este blog y que mejor tema con el que comenzar que con la final de la 57 edición de la Uefa Champions League que se disputa mañana en Múnich a las 20:45.

Ambos finalistas son una sorpresa, puesto que se apostaba por la final española, si bien la eliminación del Barça fue más inesperada si cabe que la del Madrid contra el Bayer München.

Analizando la trayectoria de ambos equipos, desde comienzo de temporada se podría haber apostado por el Bayern como finalista o por lo menos como equipo que llegaría lejos en el torneo. Ubicado en el "grupo de la muerte" junto a City, Nápoles y Villareal (si más bien este no fue todo lo rival que se esperaba) lo solventó prácticamente sin apuros gracias a un centro del campo en plena forma, como era el formado por Toni Kroos y Bastian Schweinsteiger y el acierto goleador de Mario Gomez. La Bundesliga también marchaba sobre ruedas, hasta que Schweinsteiger se lesionó. El recambio natural de este es Luis Guztavo, un futbolista correcto, pero no con toda la presencia que te aporta Bastian. Pese a este centro del campo capaz de llevar las manijas de este equipo (y de la selección alemana junto a Khedira u Özil) el verdadero peligro del Bayern son sus extremos: Frank Ribery y Arjen Robben. Jugando a pierna cambiada, buscando el interior siempre, en especial Robben con su temible diagonal, han convertido al Bayern en el mejor equipo en ataque por banda (para mi, algo superior al Madrid) ya que la aportación de Alaba por la izquierda y Lahm por la derecha en labores ofensivas les permite un amplio despliegue por la banda. Dentro, en el área, se ubica Mario Gomez, oportuno y eficaz, un auténtico killer del área, de ahí que lleve 37 goles en 41 encuentros esta temporada, 12 de ellos en la UCL. La línea más débil del Bayern es la defensa, con unos centrales de nivel normal y un portero un tanto irregular como Neuer. Para mi, parten con ventaja mañana en la final, por juego, despliegue, la espinita de la final de hace 2 años contra el Inter de Mourinho y la motivación de proclamarse campeones en su propio estadio, el Allianz Arena.

Si bien el Chelsea apostó por un entrenador joven que venía de triunfar en la Liga Sagres y en la UEL con el Oporto, la temporada fue a peor progresivamente. Un comienzo sin juego brillante, pero con resultados tanto en la Premier como en Europa, el Chelsea de Vilas-Boas se mantenía en la lucha por algún título al comenzar la temporada. Pero la dependencia de que el juego fluya por un solo jugador (Mata) acompañado de un irregular Ramires y un espontáneo Lampard (tampoco se le puede exigir mucho más, siempre lo da todo) el jugador que ocupa la punta de ataque muchas veces se encuentra aislado del juego del equipo.(Drogba no puede estar bajando a recibir constantemente y después volver a subir a atacar). La mala temporada de Torres (al final con Di Matteo ha mejorado notablemente) y los pocos recursos para distribuir juego en el medio (todos de corte defensivo, buscando tener en Oriol Romeu cuando jugaba una especie de Busquets) han hecho que el Chelsea haya terminado sexto en la tabla. En la UCL estaba al borde de la eliminación contra el Nápoles. A la semana del cambio de entrenador, en Chelsea de Di Matteo consiguió eliminar al Nápoles con una épica remontada en Stamford Bridge, devolviendo la ilusión a la grada. Solventó los cuartos contra el Benfica (eso sí, los portugueses les barrieron en juego, todo haya que decirlo) y la épica de la semifinal contra el Barça. Cualquier estilo es válido, cierto, y el que empleó Di Matteo tiene mérito de haber salido tan bien. Máxima efectividad arriba y la demostración de un enorme orden defensivo hacen que el Chelsea pueda tener sus opciones a la contra.

Ambos equipos presentan bajas notables: el Chelsea pierde a Terry, Ivanovic y Ramires por sanción, al igual que el Bayern a Alaba, Luis Guztavo y Badstuber.

Mañana a las 20:45 en el Allianz se decidirá el destino de ambos equipos: o triunfar en tu feudo o recoger la siembra del sueño europeo que arraigó en el club desde que Abramovich lo comprase en 2003. Que mañana suene el glorioso himno de la Champions y se decida en el campo.